El crecimiento de Vaca Muerta abrió un frente que ya no depende de la geología sino de la logística. Con inversiones comprometidas por más de USD 100.000 millones en upstream, midstream e infraestructura asociada, la Cuenca Neuquina necesita ampliar sus rutas de salida para sostener la escala proyectada.
En ese contexto, Chile dejó de ser un comprador estacional de gas para convertirse en un socio estratégico en la construcción de un corredor energético bioceánico orientado al Pacífico.
La complementariedad entre ambos países es estructural. Argentina concentra uno de los mayores reservorios de shale del mundo, mientras Chile dispone de puertos industriales consolidados, terminales de GNL operativas y una logística minera que funciona como plataforma para bienes de capital, insumos críticos y equipamiento pesado.
Esa infraestructura —que durante décadas abasteció a la minería del cobre— hoy aparece como un vector clave para acompañar la expansión neuquina.
La Región del Biobío es el primer punto de contacto de esa integración. La adquisición de la central Los Guindos por Trafigura y Generadora Metropolitana habilitó la posibilidad de reconvertirla a gas natural proveniente de Vaca Muerta, reactivando el Gasoducto del Pacífico, un activo que podría recuperar relevancia si se consolida un flujo estable de gas hacia Chile.
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Para el sector privado chileno, el gas neuquino representa una alternativa competitiva frente al GNL importado; para Argentina, una vía inmediata de exportación con potencial de reexpedición hacia Asia.
La agenda logística incluye además la modernización de pasos fronterizos, ampliación de corredores viales y adecuación de infraestructura aduanera. El objetivo es construir un circuito que permita evacuar petróleo, gas y futuros cargamentos de GNL hacia los puertos del Pacífico —Lirquén, San Vicente, Coronel y Mejillones— reduciendo tiempos de navegación hacia China, Corea y Japón, los mercados que liderarán la demanda energética en la próxima década.
El sector privado neuquino sostiene que la salida atlántica, aunque crítica, no será suficiente para absorber los volúmenes proyectados. La expansión de oleoductos y gasoductos en marcha mejora la capacidad de evacuación, pero no resuelve la necesidad de diversificar rutas y reducir la dependencia de un único corredor.
La integración con Chile aparece como la pieza que puede equilibrar esa ecuación y evitar cuellos de botella que limiten la competitividad internacional del shale argentino.
La alianza logística Argentina–Chile se perfila como un componente central de la próxima década energética. No se trata solo de exportar hidrocarburos: se trata de construir una infraestructura bioceánica que conecte Vaca Muerta con los mercados del Pacífico, integre capacidades industriales, reduzca costos y habilite un flujo sostenido de inversiones.
La discusión ya está instalada en ambos lados de la cordillera y el sector privado la considera una oportunidad estratégica para transformar la escala de la Cuenca Neuquina.