A tres años de la nacionalización del litio, México continúa sin producción, sin exploración técnica relevante y sin proyectos industriales en marcha, mientras Argentina y Chile consolidan inversiones por miles de millones de dólares y avanzan en nuevas capacidades de extracción y procesamiento.
La empresa estatal LitioMX opera con un presupuesto anual de 13 millones de pesos, destinado casi en su totalidad al pago de nómina administrativa, sin recursos para perforación, estudios geológicos ni pruebas metalúrgicas.
De acuerdo con análisis técnicos citados por especialistas del sector, el desarrollo de una industria de litio en México requiere una inversión mínima estimada en 10.000 millones de dólares y un plazo de cinco años para obtener la primera tonelada comercializable, siempre que exista un proyecto definido.
Esa condición no se cumple: la empresa estatal no cuenta con socios, plantas, campañas de exploración ni tecnología para procesar litio en arcillas, el tipo de depósito predominante en el país.
La diferencia geológica es determinante. Mientras Argentina y Chile extraen litio desde salmueras con tecnologías maduras y costos operativos competitivos, México concentra sus recursos en arcillas rocosas, cuya explotación requiere procesos que aún no existen a escala industrial.
La ausencia de inversión privada y la falta de alianzas tecnológicas limitan la posibilidad de desarrollar métodos de extracción directa adaptados a este tipo de yacimientos.
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El Servicio Geológico Mexicano dispone de una partida de 48,1 millones de pesos para trabajos de campo y evaluación de depósitos en el norte del país, pero no se registran avances industriales derivados de esos estudios. A pesar de contar con reservas estimadas en 1,7 millones de toneladas, principalmente en Bacadéhuachi (Sonora), no existe extracción comercial ni producción de carbonato de litio.
En contraste, Chile produce litio de forma comercial desde 1984 mediante un esquema de alianzas público‑privadas que integra capital nacional y extranjero. Empresas como Albemarle y SQM operan en el Salar de Atacama con contratos de extracción y procesamiento de salmueras, y proyectan inversiones por 3.000 millones de dólares para nuevas tecnologías de extracción directa.
Argentina, por su parte, produce litio desde 1997 y desarrolla proyectos con inversiones estimadas en 2.500 millones de dólares por planta, financiadas por consorcios internacionales con fuerte presencia asiática y estadounidense.
La falta de inversión y la restricción a la participación privada mantienen a México fuera de la competitividad regional en un contexto donde la demanda global de litio está impulsada por la fabricación de baterías para vehículos eléctricos y tecnologías de almacenamiento.
La ausencia de un modelo de financiamiento mixto limita la capacidad del país para integrarse a las cadenas de suministro del T‑MEC, que requieren minerales críticos para la industria automotriz y electrónica de Norteamérica.
México enfrenta así un rezago estructural: sin socios tecnológicos, sin capital intensivo y sin un proyecto industrial definido, la empresa estatal permanece en fase administrativa y sin capacidad para avanzar hacia la operación.
La brecha con Argentina y Chile se amplía a medida que ambos países consolidan infraestructura, atraen inversiones y fortalecen su posición como proveedores regionales del mineral.