Argentina atraviesa un cambio estructural en el origen de sus divisas, con la energía ganando protagonismo frente al agro. El Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) y el crecimiento de Vaca Muerta aparecen como pilares de un superávit energético que ya transformó la balanza comercial.
En 2025 la balanza energética cerró con un superávit de USD 7.800 millones, y para 2026 se proyecta superar los USD 10.000 millones. Este giro responde a mayores exportaciones de gas y petróleo, junto con nuevas obras de infraestructura que amplían la capacidad de transporte y procesamiento.
El analista Santiago Llull destacó que el mercado ya incorpora esta transformación, aunque advirtió que la rentabilidad de los activos energéticos dependerá de factores externos como los precios internacionales del crudo.
Por su parte, Juan José Carbajales, titular de la consultora Paspartú, subrayó que el RIGI impulsa inversiones de largo plazo y que, por el volumen de proyectos, será difícil revertir sus beneficios en futuros gobiernos. “El RIGI da estabilidad de largo plazo”, afirmó, señalando que las inversiones florecientes y la infraestructura en expansión consolidan el proceso.
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Entre los proyectos más relevantes se encuentra el desarrollo de Tecpetrol en Los Toldos II Este, con una inversión de USD 6.400 millones y una producción estimada de 70.000 barriles diarios, además de la creación de 7.900 empleos. También figura el proyecto YPF LNG, que prevé USD 51.000 millones para exportar gas natural licuado por más de USD 10.000 millones anuales.
El impacto del régimen trasciende la coyuntura política: tanto inversores internacionales como empresas nacionales encuentran condiciones alineadas para expandir operaciones. Sin embargo, Carbajales advirtió sobre un punto débil: la limitada proyección del entramado productivo local dentro de estos proyectos.
Finalmente, la sostenibilidad del superávit energético dependerá de la combinación de precios globales, estabilidad macroeconómica y continuidad de las reglas de juego. En ese marco, el RIGI y Vaca Muerta se consolidan como motores de divisas y de infraestructura estratégica para la próxima década.