El aval británico mantiene en pie el proyecto de petróleo offshore Sea Lion, ubicado a 220 kilómetros al norte de las Islas Malvinas. La iniciativa está liderada por la británica Rockhopper Exploration y la israelí Navitas Petroleum, que confirmaron su intención de iniciar producción en 2028 pese al endurecimiento normativo argentino.
Las compañías informaron a los mercados de Londres y Tel Aviv que las medidas anunciadas por el presidente Javier Milei, a través del Decreto 868/2026, no alterarán ni el desarrollo ni los plazos previstos. En sus comunicados remarcaron que las licencias cuentan con el “apoyo total y continuo del Gobierno británico”.
Según la reglamentación de la Ley 26.659, el Decreto amplía sanciones a empresas, financistas y proveedores vinculados con actividades hidrocarburíferas en la Plataforma Continental Argentina. En ese marco, el Gobierno inició procedimientos administrativos contra 45 personas y compañías relacionadas con la explotación en las islas.
La historia del proyecto se remonta a 2010, cuando Rockhopper descubrió el yacimiento en el bloque PL032. Tras perforar ocho pozos exploratorios, seis registraron acumulaciones de hidrocarburos. En 2012, Premier Oil adquirió el 60% de participación, pero tras la fusión con Chrysaor y la creación de Harbour Energy, la nueva compañía decidió abandonar el desarrollo.
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Con la salida de Harbour, Navitas Petroleum ingresó en 2022, tomó el 65% y asumió como operadora. Fundada por Gideon Tadmor, Navitas tiene experiencia en proyectos offshore como Tamar y Leviathan en Israel, además de iniciativas en aguas ultraprofundas del Golfo de México.
La inversión aprobada contempla US$ 1.800 millones para alcanzar el First Oil y otros US$ 2.100 millones para completar el desarrollo. El esquema financiero incluye US$ 1.000 millones de deuda bancaria y el resto mediante capital de riesgo compartido y flujo de caja del propio proyecto.
En un principio la producción prevista es de 55.000 barriles diarios en 2028, equivalente al 6% de la producción argentina actual. En fases posteriores podría escalar a 150.000 barriles diarios en 2030 y superar los 200.000 en 2032. Una evaluación independiente estimó reservas de 408,2 millones de barriles, con un breakeven inferior a US$ 24 por barril.
Con financiamiento cerrado y decisión final de inversión, el proyecto reduce parte de la incertidumbre, pero persisten riesgos logísticos y políticos. La ofensiva argentina busca elevar los costos y las dificultades para quienes participen del desarrollo, mientras que Rockhopper y Navitas sostienen que nada de eso modificará sus planes.