El saldo energético argentino pasó de un déficit elevado en 2022 a un superávit proyectado para 2025. El cambio de signo responde a una combinación de mayor producción de hidrocarburos, reducción de importaciones y ampliación de la infraestructura de transporte, en un contexto de precios internacionales más estables que los observados durante la crisis energética global de 2022.
La producción de petróleo superó los 900.000 barriles diarios, impulsada por el desarrollo de shale oil en la Cuenca Neuquina. En gas, la oferta invernal alcanzó niveles cercanos a los 150 millones de metros cúbicos diarios, con un aporte creciente del no convencional.
La entrada en operación del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner permitió sustituir parte de las importaciones de GNL y reducir la dependencia del gas boliviano.
La caída de las compras externas de combustibles y el aumento de las exportaciones de crudo explican la mejora del saldo energético. La Secretaría de Energía registró una disminución sostenida de las importaciones desde 2023, mientras que los envíos al exterior crecieron en paralelo al incremento de la producción y a la disponibilidad de capacidad de evacuación.
En el plano regulatorio, el sector empresario planteó que la continuidad de la expansión productiva requiere un marco que facilite inversiones de gran escala.
.

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y su ampliación en debate legislativo fueron señalados como instrumentos que podrían acelerar proyectos de transporte, almacenamiento y procesamiento necesarios para sostener el crecimiento de la oferta.
Las proyecciones sectoriales estiman que, hacia 2030, las exportaciones energéticas podrían alcanzar los USD 30.000 millones anuales, con un saldo comercial positivo cercano a los USD 25.000 millones. Estos valores dependen de la ejecución de obras de midstream, del financiamiento de nuevas etapas de desarrollo en Vaca Muerta y de la estabilidad macroeconómica.
La mejora del saldo energético entre 2022 y 2025 refleja el impacto de la infraestructura puesta en marcha, la maduración de inversiones previas y la reducción de importaciones, mientras que la sostenibilidad del superávit requerirá ampliar la capacidad de transporte y procesamiento para acompañar la evolución de la producción.